Por: Cristina Victoria «Lana» Camacho Sánchez


Qué bonito es coincidir, hasta para mí, que pienso que el amor es un cúmulo de inventos un tanto absurdos. A mí, que no me gustan los cuentos de princesas enamoradas a primera vista, dispuestas a regalarle su vida a un “príncipe encantador». Tampoco son de mi agrado los «érase una vez», los colores chillones, ni la purpurina. Resumiendo: a mí que me fastidian las cursilerías. «Qué bonito es coincidir» le sigo replicando a mi sonrisa embobada por el gesto lindo de aquel chico que me invitó a bailar, el mismo al que hace casi un mes le robé un beso, para después seguir bailando con mis amigos. Retumba en mi cabeza la letra de aquella tierna canción Coincidir de Macaco: «… Era tu historia/Se cruzó con la mía/Tanta gente, tanta gente ahí fuera/Y coincidir aquel día/Coincidir, coincidir…» No es que me haya enamorado de él ─como sea que se llame, porque tengo una pésima memoria; a decir verdad, la primera no me interesó mucho; sabía que igual lo iba a olvidar ¿Y qué tantas posibilidades tenía de volver a verlo?─ sino que me resulta curioso. No es que sea una perra amargada; después de todo, sigo siendo una niña coqueta que, posiblemente, en el fondo, (aunque deteste admitirlo) gusta de toda esa miel.

Conozco ese bar de memoria, soy capaz de recorrerlo incluso cuando estoy tan borracha que ya me tambaleó; conozco a las personas, he aprendido sus canciones y me reconoce el personal. En fin, no lo había visto hasta hace casi un mes y me resultó curioso volverlo a encontrar en el mismo lugar en el que lo besé, sólo que esta vez estaba acompañado de sus amigos. La primera vez lo encontré solo, recargado en la pared, se veía borracho ─o tal vez la borracha era yo, que ve a todos muy borrachos─. Se estaba besando con una chica. Y, como nadie es propiedad de nadie, y no daban señales de ser novios ─ya que soy bastante caprichosa─, cuando la chica se volteó yo me acerqué a besarlo. Al percatarse, ella se lanzó sobre mí. Los amigos se interpusieron, pensando que me armaría bronca. La jalé hacia mí; también la besé ─total, yo soy una borracha tranquila. No me pelearía jamás por algo tan absurdo, cuando lo único que quiero es divertirme─.

No estoy buscando aventuras, ni me viene a la mente una historia loca de amor del tipo: «empezaremos a salir, el coqueteo continuará y seguro terminaremos enamorándonos el uno del otro y bla, bla, bla». Tampoco me brinca mucho la idea de que salgamos, él me empiece a conocer y yo a él. En este momento soy demasiado egoísta como para dedicarle tiempo y energía a alguien más que no sea yo. Prefiero que coincidamos a la mitad del desmadre, bailemos un poco, nos divirtamos y al otro día, tal vez, sólo intercambiemos unos cuantos mensajes irrelevantes, que tardaremos en contestar por lo rutinario de la vida o, sencillamente, ignoraremos. El punto esencial es que, ¡qué bonito es coincidir!

Cristina Victoria «Lana» Camacho Sánchez

Originaria de la CDMX es una joven escritora, feminista, maestra de danza área, deportista en general, punk que va por la ciudad con su bici recaudando historias.

Su madre la enseño a recitar a temprana edad y sus abuelas le heredaron el gusto por la lectura, esto la ha llevado a adentrarse en el mundo del arte poco a poco; empezó a escribir poesía slam a los 15 y a sus 19 presento su primer crónica; publicada más adelante. Aunque su fuerte son las narrativa y la poesía, escribió un micro cuento infantil para una escuela de la Sierra de Guerrero.