(Planta Alta) Capítulo 2

Por: Babieca Zavala

¿Cómo pueden estar aquí paradotes como si nada? ¿Cómo es posible que no la noten?
Absortos en sus pensamientos, contemplando el vacío de una pared plateada, comprobando la calidad del boleado en la punta de sus zapatos, infinitamente más interesante que cualquiera de los que aquí estamos. En términos generales es así, mirar el calzado, simular concentración ante el memorándum de esta mañana, ajustarse la corbata y el gafete, contemplarse las uñas, resulta mucho más atractivo que vernos con incomodidad unos a otros, intentando soportar el peso de los ojos extraños, negros y veloces como moscas que no se posan en nada concreto por mucho tiempo salvo la mierda donde les gusta retozar a frotarse las patitas, esa mierda con la que prolongan el tedio cotidiano, aplastados frente a pantallas suspendidas en el tiempo que repiten prácticamente la misma programación desde 1985; con su tazón en el regazo de Sabritas y Cheetos, acompañados de Coca-Colas y por postre un cigarrillo.

        Un día, de repente, levanté la mirada del suelo y ahí estaba ella.

        Me parece imposible no haberla visto antes, me resulta increíble la incapacidad de todos estos tipos para notarla. No sabía cuánto tiempo llevaba por aquí rondando, imperceptible. ¿Cómo era posible que nunca nos hubiéremos dado cuenta que a unos cuantos pasos está el ser más hermoso con el que nos podremos cruzar en toda nuestra vida? Un ser real, bastante lejos de la belleza estereotípica. No es ninguna Scarlett Johanson o una Megan Fox cualquiera. A ella se le pueden ver los poros en las mejillas, las arrugas bajo los ojos, la vena que le brota sutil en la frente, a ella se le puede percibir su aroma que destaca ligero y natural por sobre los litros de colonia y desodorante en aerosol que emitimos todos los demás. A ella se le puede rozar, como no queriendo, el brazo con el tuyo mientras giras para recargarte en la pared y así poder verla mejor mientras finges ignorarla disque leyendo el periódico: “Ciudad de México, 17 de abril. La madrugada de este lunes fueron hallados tres cadáveres cercenados en el municipio de Nezahualcóyotl, a las inmediaciones con la Ciudad de México”. Nadie parece conocerla. Entre las miradas incómodas que cruzan zumbantes, ninguna se fijaba en la suya. A todos los demás los puedo identificar al instante, mis tan de siempre compañeros de trabajo. Son prácticamente como mi familia, convivo mucho más con ellos que con mis parientes: en fiestas de año nuevo, en reuniones por cumpleaños, e incluso los detesto un poco más. “Las tres personas decapitadas fueron encontradas por un empleado de la limpieza de dicho municipio en varias bolsas de plástico, cada una de ellas contenía distintas partes de los tres cuerpos”. Cuando ingresamos todos juntos al elevador, apretando los cuerpos, maximizando el espacio, para no tener que esperar la vuelta del ascensor, porque en estos días no se puede desperdiciar tiempo ni espacio, ni siquiera noté que ella lo estuviera esperando, hasta que levanté la vista y entre el vómito revuelto de oficinistas y secretarias la vi. “En una se hallaban los brazos cortados por la mitad (sin manos), otra contenía las piernas, una más los pies, por último, se encontraron las cabezas, y junto a ellas, una pancarta con lo que parece ser un narcomensaje”. Quedé impactado. Tantos años caminando sobre este mundo han deteriorado casi hasta la extinción la capacidad de asombro de la humanidad. Pocas cosas o personas, anécdotas, o incluso lugares, levantan ya interés. Nos hemos acostumbrado a todo, incluso, a la certeza de que cualquier cosa, en cualquier momento, puede suceder. Por eso nos quedamos con “lo bueno por conocido”, con la repetición inanizada de nuestros rituales acostumbrados. Ya ni lo repulsivo o violento genera reacciones, mucho menos lo hermoso. Secretamente envidio, y a la vez detesto, a quienes se maravillan por un paisaje. Me conmueve su actitud, odio no poder ver lo que ellos. Como hoy que la vi por vez primera y al parecer nadie podía notar lo que yo veía. “Ya hemos tirado la piedra y escondido las manos de estos asesinos y rateros. Este no es un hecho aislado. La basura hay que separarla y eso estamos haciendo. Vamos por ti, Gobernador. Empezaran a tener miedo de nosotros: El Pueblo”. Terminaba aquella nota.


Puedes leer la primera parte en la siguiente liga:

Descensores: Parte 1