Por A. Reyes.

La flaca, la tilica, la niña blanca, la fría…
Continuamos en noviembre y no podíamos perder la oportunidad de reseñar una exposición sobre este personaje tan universal pero tan mexicano a la vez:

La paveada, la descarnada, la calaca…
Desde Octubre la invocamos por los que ya se llevó:

La democrática, la “jala-parejo”, la copetona…
Camina entre nosotros y aún vende noticias:

La patrona, la tía de las muchachas, la parca…
Esas noticias que encabezan los diarios amarillistas:

¡Se lo llevó la pelona!
Legendaria tradición que acompaña a la humanidad, claro, hablo del diario amarillista, ya que la muerte más que tradición es una rendición a nuestra condición perenne.


¡Colgó los zapatos! Y en primera plana el ahora occiso.

Sin embargo, antes que existiera la fotografía y el diseño gráfico como lo conocemos, en la transición del siglo XIX y XX; en los albores de la revolución mexicana, la labor del periodismo radicaba en un conjunto de oficios coordinados para retratar los crímenes de la época, las historias románticas, los chismes del clero, la política y la sátira en medio de la efervescencia social de un país dividido por regiones y fronteras de desigualdades evidentes. Hoy el grabador más «sonado» de esta historia es José Guadalupe Posada, reconocido por las calaveras, principalmente la Catrina, imagen que Diego Rivera catapultó a la fama y le colocó un cuerpo refinado en el mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, casi cuatro décadas después.

Evidentemente, Posada no es el único, ni el último en adoptar la imagen de la muerte y precisamente esta es la razón de esta reseña: La exposición Calaveras y Catrinas en la Galería del Instituto Municipal de Arte y Cultura de Puebla, despliega más de 130 piezas en torno al tema, es una radiografía de la muerte a través de cuatro siglos de representación y apropiación cultural.

Y es que el grabado contemporáneo mexicano se regocija con la representación de cráneos y calaveras experimentando técnicas, colores y formatos, esta muestra trae consigo más de 20 artistas nacionales de diferentes estados de la república mexicana, y cómo no disfrutar de este personaje si para algunos autores «encarnan» a la muerte de forma temida y lúgubre y en otras festiva e intrépida; grabados de Roberto Rodríguez, Joel Rendón, Nocheztli, El pinche grabador, Elvis Bernal, Alberto Vélez, Darío Callejas, por mencionar a algunos.

Los remanentes de Posada y Manuel Manilla, quien fuese su predecesor siguen vigentes en el legado de la gráfica, un punto de transición es, entre muchos otros, pero al menos en esta exposición, el Taller de Gráfica Popular encabezado por Leopoldo Méndez otro grabador digno de recordar por la incansable crítica social, aunque muy probablemente esta característica ideológica, podría no haber sido compartida con sus predecesores. Manilla y Posada podrían haber solo sido fabricantes de imágenes, ya que las placas eran entregadas al editor, quien junto a los escritores e impresores eran los encargados de dar forma a los textos que podemos disfrutar en la sala dos de la exposición, en este caso, la imprenta de Antonio Vanegas Arroyo, poblano radicado en la ciudad de México fue quien encargaba y tenía en posesión las placas de los grabadores y podemos ver perfectamente el uso de estas placas en distintos contextos y distintas fechas, razón por la cual, el mismo Posada no habría conocido a la Catrina como tal, ya que murió antes de la publicación que la colocaría como icono gráfico.

La tercer sala nos remite a los antecedentes puntuales de la representación de la muerte en un libro titulado «La portentosa vida de la muerte», escrito por Fray Joaquín Bolaños con las ilustraciones peculiares y divertidas en un texto colonial que se vale del humorismo y del uso retórico del temor a la muerte como pretexto para moralizar y predicar con el fin de que la población lleve una vida honesta de acuerdo con los preceptos de la doctrina cristiana. Texto original de 1792. acervo de Mercurio López uno de los principales coleccionistas de materiales gráficos. Así como la presencia de Los túmulos funerarios de la Biblioteca Palafoxiana que dan fe y testimonio de las configuración y vigencia de las tradicionales ofrendas de Huaquechula.

Colecciones particulares y propias de los artistas dan forma a esta exposición haciendo una suma de voluntades para la gestión de esta muestra que no se pueden perder en la ciudad de Puebla, entrada libre ubicada en Av. Don Juan de Palafox y. Mendoza No. 14, Centro histórico de Puebla. Horarios de 11 am a 17 pm.

Gracias a la colaboración, fotografías e información de Fabián Valdivia, Rebeca Martell e Iván Balderas así como a todo el equipo de restauración, producción y montaje.

Allin Reyes

Museógrafa y catadora de chilaquiles del mundo.