Por: Miguel Ángel Ortega.


“Cuando los unicornios finalmente llegaron a la cima de la montaña y el pequeño Pegaso conoció a su familia, descubrió por qué tenía alas y no un cuerno. Desde ese día pegasos y unicornios convivieron como una sola manada”.

FIN.

-Ahora, duérmete porque mañana tenemos cita con la Doctora Reyes.

-Papá ¿No vas a revisar si hay monstruos bajo mi cama?

-No es necesario, los monstruos no entran en los hospitales. 

-¿Y a las casas, pueden ir a nuestra casa?

-Bueno, sí. A las casas sí pueden ir, pero a la nuestra no van. ¿Has visto a tu mamá enojada? Los monstruos le tienen miedo y por eso no van. Te dejaré la lámpara encendida, voy a estar afuera con la Doctora.

-Buenas noches doctora, ¿Qué opina? ¿Mañana podrán operarla?

-Tenemos casi todo, sólo falta la anestesia, debería llegar en la mañana. Pero todo depende de cómo estén las cosas en la noche. No hay suficientes guardias para defender el hospital.

-Los enmascarados no buscan personas enfermas o heridas, no creo que anden por aquí.

-Todos pensábamos lo mismo, que no vendrían al hospital,  pero el mes pasado sufrimos 4 ataques, se llevaron a 7 enfermeras.

-Deben estar desesperados, ya casi no queda nadie. La semana pasada salí a buscar agua, caminé tres días y no me crucé con nadie.

-Algunos dicen que las máscaras son para ocultar que no son humanos, todos son muy altos y delgados, eso no puede ser casualidad.

-Sin mencionar ese bulto en su espalda, no creo que sea una mochila. Dicen que en China atraparon a uno, pero podría ser sólo un rumor. 

-Cada vez resulta más difícil encontrar medicamentos, la mayoría de lo que tenemos son placebos.

-Bendita ignorancia.

-Trate de dormir un poco, mañana será otro día.

***

-¡Estamos bajo ataque! ¡Todas las mujeres al sótano!  ¿Tú, a dónde vas? ¡Tenemos que defender la entrada!

-¡Tengo que ir por mi hija! ¡Doctora Reyes, abra la puerta! ¿Cómo está mi hija?

-Está bien, sigue dormida, le di un sedante. Cierre la puerta y apague la luz, los depredadores ya saben que las mujeres se esconden en el sótano, irán directo ahí, si tenemos suerte pasarán de largo.

-Debe estar pensando que soy un cobarde, que debería salir a pelear en lugar de esconderme aquí.

-Sé que vino a buscar a su hija y que no le importa nada más. Perdí a mis hijas hace dos años, Claudia y Vanesa. Estaba trabajando aquí cuando entraron a mi casa y mataron a mi esposo, así que no pienso que sea un cobarde y no debería de importarle lo que yo crea.

-Lamento lo de sus hijas. Yo perdí a mi esposa hace apenas quince días. Le dije a Angélica que su mamá estaba con la abuela, no me atreví a decirle la verdad.

-Lamento que se la hayan llevado.

-A decir verdad no se la llevaron, al menos no viva, como nadie sabe qué hacen con las mujeres que se llevan, ella prefirió morir. Hizo que la siguieran para que no se fijaran en Angélica, corrió por las escaleras hasta la azotea y saltó al vacío.

-Tal vez fue lo mejor, al menos ahora sabes que no está sufriendo. Casi nunca puedo dormir pensando en lo que deben estar pasando mis hijas. A veces creo que si hubiera tenido la oportunidad de… de no dejar que se las llevaran con vida, no sé qué hubiera hecho.

-¿Escucho eso? Creo que lograron entrar, será mejor guardar silencio.

***

-¿Señor Eduardo sigue despierto? 

-¿Cómo podría dormir? sabiendo que están ahí afuera.

-Ya no escucho que peleen, deben haber tomado el control de todo el lugar, si nos encuentran no podremos detenerlos.

-No dejaré que se lleven a mi hija

-Al menos no viva

-¿¡De qué está hablando!?

-Baje la voz. Lo que estoy diciendo es que son demasiados, no podremos con ellos y tal vez usted tiene la oportunidad que yo no tuve. Hubiera preferido estar ahí cuando se llevaron a mis hijas, para que me mataran a mí o para impedir que se las llevaran vivas.

-Suelte-esa-jeringa, no dejaré que le haga nada a Angélica.

-Están revisando todo el lugar, tarde o temprano van a entrar, y cuando lo hagan van a matarnos a los dos y se llevarán a tu hija, Dios sabe para qué. ¿Es eso lo que quiere?

-¡Me estás pidiendo que asesine a mi hija!

-Te estoy dando la oportunidad de saber que ella nunca volverá a sufrir, de que tenga una muerte pacífica, un lujo que nosotros no tendremos.

-Si no me das esa jeringa… ¡te la quitaré por la fuerza!

-¡Suéltame! No sabes lo que haces… ¡NO!

-Doctora Reyes… Lo siento, no me dejó opción, yo solo quería quitarle la jeringa, no era mi intención inyectarla… Lo lamento…

-Ahórreselo, no era más que una solución salina, lo único que quería es que muriera pensando que  Angélica no sufriría. 

-Era mentira…  

-¿A caso pensó que tendría lista una eutanasia en el botiquín en caso de emergencia?

-No sé, no lo pensé. Solo trataba de salvar la vida de mi hija.

– Haz lo que quieras, ya no me importa si nos encuentran. Puedes irte cuando quieras, yo trataré de dormir un poco, llevo días sin poder dormir. Solo no hagas ruido y déjame en paz.


Miguel Ángel Ortega

Ecatepec, Edo Mex (1985). Le gusta el pan dulce, los perros y las mujeres inalcanzables. Carpintero y fotógrafo.