Por: Rogelio de La Rosa

LIBRA

Llévame de la mano, llévame contigo
de pronto a tu ritmo y de ratos al mio.
En la casa roja bien podremos acomodarnos,
colocar a los que están y a las que no,
a las amistades largas, a las mediatas y las erratas.

Llévame a la distancia, condúceme contigo
a las lejanías de tu cuerpo etéreo
al kilómetro cero de tus ventrículos
Acógenos en la posada donde tu voz nos arrulla,
en el sueño profundo, en la estela de hierro.

Enseñame con esa forma pueril, que el mundo cambia y que en esa transformación brutal nos envolvemos y cobijamos, resistimos y sobrevivimos; que aún existen archipiélagos e islotes, tierra húmeda, bochornosa y firme, donde los mamíferos retozan y sollozan mientras ven cómo la existencia se hunde. 

En el retorno a esa sensación alucinante, reveladora, donde el vapor de agua todo lo cubre, donde los colores se funden, donde las noches de largas caminatas hacen caso omiso de los nubarrones, yo te sigo a tu nido lleno de adularescencia. 

Al otro lado de la niebla producida por el incendio de nuestras ciudades, al cruzar el gran valle de acero, el tráfago interminable, la contaminación asfixiante, la podredumbre y la sarna; te encontraré en último refugio de las luciérnagas, donde los horrores no puedan alcanzarnos. 

Cegado por el fuego, en el estertor de mi cuerpo, en la casi absoluta desorientación producida por la antropofagia,  en la explosión interestelar, reconoceré tu tacto, encontraré tu aroma y sabré que estarás ahí para salvar nuestro universo.

Al final ¿de qué va todo esto?


Rogelio de la Rosa

Ciclista, trabajador empleado, multitareas, introvertido por sorteo y creativo en reactivación.