Por: Andrea Delgadillo

(Texto pensado para ser leído, a sugerencia de la autora, acompañado de «Gibraltar«, canción de Abd al Malik).

Cuatro días…o cinco? Quizás más.  Marvyn arreglo todo con los passants.

No, son tres, si tres días que estamos aquí, esperando. Mi panza no miente, está intentando comerse sola.

Los otros fueron llegando en tandas de 5 o 6, los passants no pueden traer más, si los guardias nos encuentran…si los guardias nos encuentran.

Está el horizonte, y allá, lejos, quizás, inshallah, estará mi casa, esa casa que no he tenido, la casa que murió junto a mi madre.

Los escuché, ya vienen, ya vienen! mi corazón danza y gira como los derviches, sudo y ahogo mis gritos de alegría en el fondo de mi garganta.

Intentando no romper el silencio, nos preparamos, los ojos de todos brillan, una mujer le dice a su hijo que el nuevo año que empieza, lo comenzará de otro lado, allá donde no hay hambre y todo es hermoso.

Marvyn sonríe, miro sus dientes en la penumbra. Marvyn, mi primo, mi hermano, mi sangre.

Los hombres bajan primero, llevan la barca un poco lejos y suben a las mujeres y niños, la ropa empapada pesa, pero no importa, nada importa. Nos vamos, vamos allá donde todo es posible, donde seré un hombre.

El agua duele, el agua es tan fría que no siento mis dedos, Marvyn tiembla, los pequeños no duermen pero tampoco lloran. Remamos, es demasiado pronto para prender el motor.

Miro las estrellas, es una noche clara, pero sin luna.

Después de un rato, uno largo, alguien pone en marcha el motor, la brisa me da de lleno en la cara, Marvyn ríe, todos empiezan a reír, a gritar a festejar, la noche nos pertenece, el futuro es nuestro, nada puede pararnos.

El ambiente está tranquilo, la mayoría duerme, o al menos lo intenta. Marvyn se acurruca a mi lado intentando entrar en calor, yo saco la mano por la borda y recojo con mi mano un millón de estrellas del agua. Las miro y escucho el silencio…el silencio que no debería estar ahí, el motor se ha parado. Un hombre revisa el motor, no hablo si lengua pero Marvyn me mira con ojos preocupados.  El oleaje empieza a volverse cada vez más fuerte, el agua empieza a entrar en la barca. El pánico se apodera de todos, hay movimiento, mucho, sin orden, yo no entiendo, no sé qué hacer, no sé, no sé.

El día empieza a clarear, un muchacho cae al agua, todos intentan sacarlo, pero no se ve muy bien, hay niebla, oímos sus gritos y las olas nos golpean con todo el odio del que son capaces.

Marvyn me abraza y le pide que le calme, me dice que llegando a Francia nos iremos a Marsella, que ahí conoce a alguien, que trabajaremos y que él irá a entrenarse para jugar en el Olímpico, que todo va a salir bien… pero yo veo que el agua ya me llega a las rodillas y que ya no siento mis pies.

Una mujer grita en otra lengua que no entiendo, ya no veo a los niños, ¿dónde están los niños? La barca se hunde, siento el frío en mi pecho, Marvyn, llorando, me canta una vez más la canción.

Luz blanca, todo blanco, olor extraño…abro los ojos y estoy en una cama…alguien se me acerca

-Ça va ? Regarde moi, bonjour, comment tu t’appelles?

No entiendo nada, volteo a todos lados, intento reconocer algo, lo que sea…y en la tele que hablan reconozco algo:

01/01/2022. Marseille

Llegamos Marvyn, llegamos.


Andrea Delgadillo.

Mexicana. Vive en Francia desde hace varios años. Migrante, como todes.