Tomé la copa,

había leche y uva,

bebí  observado por la anciana hermana

de una señora muy delgada …

…que casi no existía,

en aquel año, cielo, día, fecha, hora,

y en ese instante

el genital vacío era un dios,

la luna hecha pellejos era diosa,

una doncella gigante bajo la tierra era también deidad, ante sí misma;

vimos girando a Dios entre las olas

de un inagotable océano de dioses pisciformes;

tú lo oíste sin oír, ella lo vió sin ver,

todos lo sentimos sin percibirlo,

abrazó nuestras lenguas con sus ojos,

y a cada uno (a unos adentro y a otros afuera),

a un mismo tiempo nos dijo:

“Oye güey, ¿sabes qué?,

tu Eres Diosito”


Rojo Escobar.

Nace en Coatzacoalcos, Veracruz en 1977, y creció en la Ciudad de México en la colonia Roma de los 80s y en el extremo Noreste de la CDMX de  los 90s. Poeta aficionado desde los 12 años, encuentra en la poesía una fuga para soportar la estricta educación de las escuelas católicas (y sin niñas) a las que lo obligaban a asistir sus padres. Escribe su primer y único compendio de poesías “21 canciones para una mujer etérea” que reparte entre algunos de sus  maestros y compañeros de preparatoria quienes lo reconocen leyendo partes del libro en las clases. Después su pasión por la música lo lleva entregarse de lleno a la escritura de canciones de pop-rock de su banda de garage “La Santísima Piedra”  y guiones para cortometrajes experimentales (su otra gran pasión. Pero  hasta la fecha tiene siempre el  cuaderno de poemas a mano para poder sobrellevar la surrealista vida post-moderna chilanga.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s