Por Miguel Ángel Ortega

Ilustración: L. Adrián Méndez.

Espero que estén bien atendidos los búlgaros.

Atte. Mamá

¡No me lo vas a creer! Crecieron mucho, se mezclaron con quien sabe qué y mutaron. Tuvimos que encerrarlos en el cuarto pero aprendieron a abrir cerraduras, después de aventarles trastes y agua caliente descubrimos que su punto débil era el fuego, pero era peligroso, se podía quemar toda la casa.
Hubo una épica batalla con objetos punzo cortantes.
Finalmente pudimos repeler todos sus ataques, aunque no logramos destruirlos. Llegamos a un acuerdo y los desterramos. Se llevaron el gato de Esmeralda como parte de los tratados de paz.

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