Por Emilio Kamarón


  • Ring, ring
  • ¿Qué tienes, qué pedo, qué te pasa?
  • Está lloviendo muy cabrón
  • ¿Y eso es bueno o malo?
  • Es bueno, muy bueno. Abrázame, bésame, por favor.
  • No, no mames
  • ¿Porqué no?
  • Porque …, ¿has oido hablar de Jesukrishna?
  • Ah sí, claro, quien es mejor conocido como El Colibrí tornasolado
  • Ándale, pues, cuando era niño yo no quería soñar por las noches, tenía alucinaciones culerísimas
  • ¿Soñabas que morías, que te lastimaban?
  • No, cosas mucho peores
  • ¿Soñabas que sufrías mucho?
  • Sí, cabronsísimo. Soñaba que mi conciencia era prisionera de otro grupo de conciencias ajenas a la mía
  • Verga, qué mal pedo
  • Mi hermana mayor prometió que nos encontraríamos en un desierto en medio de mis pesadillas , ahí me entregaría un reloj hecho de semillas con el que yo podría despertar cuando quisiera, y podría manipular todas los objetos mentales, imágenes, sensaciones y situaciones oníricas a mi antojo
  • Ah chingá, ¿tu hermana, Selene?
  • Sí, ella mera, siempre ha sido un amor
  • ¿Cuántos años tenías?
  • Siete
  • ¿Te consideras un fantasma o, algo o alguien verdadero?
  • Alguien de verdad. A veces má pendejo, a veces un poco menos. Pero es la pendejez la cualidad que más me define
  • ¿Cuál es tu día favorito de la semana?
  • Miércoles, el día de Mercurio, hijo de Maia
  • Nieto de las Diosas de la Montaña
  • Lo amamantaban con esa leche venenosa que lo hacía permanecer en el trance del espacio tiempo
  • ¿A toda hora y en todo lugar?
  • Sí, veo que conoces la historia
  • Sí, me la contaron mis abuelos. Él soñaba que sus sueños eran la realidad
  • Pero lo que no sabes, seguramente, es que un día Mercurio y Jesukrishna se conocieron de manera fortuita en un planeta sin máquinas llamado “Alejandría”
  • Sí lo sé, mientras devoraban aquel planeta pasó que Jesukrishna descubrió que Mercurio era hermafrodita, así que fornicaron amorosamente hasta que todo se reconstruyó, y tuvieron una hija a la que nombraron con todos los nombres que hubieran existido
  • Sí, y esta sagrada mujer sueña eternamente que al finalizar cada día todo muere, a excepción de ella.

Emilio Kamarón

Nace en Coatzacoalcos, Veracruz en 1977, y creció en la Ciudad de México en la colonia Roma de los 80s y en el extremo Noreste de la CDMX de  los 90s. Poeta aficionado desde los 12 años, encuentra en la poesía una fuga para soportar la estricta educación de las escuelas católicas (y sin niñas) a las que lo obligaban a asistir sus padres. Escribe su primer y único compendio de poesías “21 canciones para una mujer etérea” que reparte entre algunos de sus  maestros y compañeros de preparatoria quienes lo reconocen leyendo partes del libro en las clases. Después su pasión por la música lo lleva entregarse de lleno a la escritura de canciones de pop-rock de su banda de garage “La Santísima Piedra”  y guiones para cortometrajes experimentales (su otra gran pasión. Pero  hasta la fecha tiene siempre el  cuaderno de poemas a mano para poder sobrellevar la surrealista vida post-moderna chilanga.