Por Arcadio Lambhorginni


A dolorosa luz

A la dolorosa luz que alumbra un callejón oscuro en cualquier parte del mundo,

luz neón que alumbra al cuchillo enterrado en el cuello de toda la gente trans.

A esa infinidad de charcos de sangre, militares que supieron donde encajar  su arma.

Por todos aquellos que nunca dejaron el maquillaje, las lentejuelas, ni la mirada altiva

Por todos todos aquellos a los que su luz  sigue deslumbrando, a pesar del callejón oscuro.

 Luz  neón, acompaña a las almas de mis camaradas muertas en batalla,  recíbelas con un Chanel No. 5. Cúbrelas con un Christian Dior, cuéntales una historia donde la luz neón nunca se apague.

Bocinas, buffers gigantescos de todas las discotecas Queers, ¡revivan a los grandes maricas de la historia que vislumbraron un mundo distinto!

¡Qué vivan Sócrates, Caravaggio y Moctezuma ll!

 Escuchen los rugidos como trompetas apocalípticas que nos llaman: ¡somos el ritmo de una orgía que bombea diamantina dorada al mundo!

¡Qué viva la Virgen María  que pintó Caravaggio con las uñas negras de tanta tierra, de tanto coger de a perrito con el espíritu santo! ¡Qué viva la Gran perra que Caravaggio parió en una noche de orgía y vino! 

¡Que vivan las orgías de todos los guerreros águila con los que copulaba Moctezuma ll en el ombligo del mundo!

¡Qué viva este placebo llamado modernidad para este callejón oscuro! ¡Qué viva Sócrates señores!

 Reciban al bit multidimensional, que trae consigo una navecita con la palabra Queer  a la entrada.

Que exploten  todas las bocinas de todos los clubes del mundo:

¡Abajo las fronteras!

¡Abajo las fronteras!

¡Abajo las fronteras!

A ese pútrido  ojo enloquecido que todo lo mira, ojo universal enclaustrado en un billete verde que no se cansa de caminar el mundo, ¡de vigilarlo!

¡Que vivan los inventos del ojo enloquecido del mundo!

¡Los autos de fórmula uno!

¡Las calles con maniquíes más vivos, y más nostálgicos que nunca!

¡Soy una imagen del ojo enloquecido de mundo!

¡Qué viva Zara, por sus maniquíes maniqueos que enajenan de felicidad cuando los miras!

¡Qué viva Zara, por dictarnos como debe ser el color gris y el invierno!

¡Qué viva Zara,  por ayudarnos a ocultar bajo sus etiquetas globales el bullyng local de la primaria publica.

¡Qué viva Zara, por enseñarnos a sobajar a nuestros semejantes bajo sus  abrigos  soberbiamente oscuros. 

Gracias, Zara, por darme un lugar en el mundo.

¡Que vivan Andy Warhol, Ginsberg y Capote!

Por recordarnos que la  mariconería también puede ser muy gata,  y  aún así pagar por ella.

¡Que vivan Basquiat y sus graffities de medio millón de dólares!

¡Que viva el Get Set New-yorkino, y que viva la mugre de todas las calles, de todas las capitales del mundo que las hacen resplandecer como el oro!

¡Baila bien duro conmigo, grandísima luz, bestia hecha de montones de cadáveres en un callejón oscuro, síguenos alumbrando, dolorosa luz neón.


Mis calzones Bikini

(Atripla)

Me dio vergüenza pagarlos

Nunca he tenido unos calzones de bikini

Los he sacado de su bolsa en el café de la tertulia

Los huelo

Me los imagino puestos

Pienso: estos calzones son mi futuro, son la prueba de que aún no he muerto.

Alguien me amará por usarlos y los acariciará en el bar, en la comida con los padres, me meterá la mano al pantalón  y dirá:  estoy con alguien vivo.

Los calzones son caros. Imagino cuándo tenga más de 5. Valdré un poco mas que mi pasado lleno de calzones fracturados.

Seré alguien que camina.

Alguien que no evite pasar bajo las escaleras sobre una banqueta,

alguien que camina y no evita pasar por los panteones en los pueblos.

Los calzones son azul marino y con un resorte grueso hecho de miradas de un hombre actual : ágil, despreocupado y fumador de mesas despobladas y café de medio oriente o parisino.

Tengo unos calzones que comprueban que aún no quiero morir, y qué, además, comprueban que soy un hombre moderno.

He pensado en ocuparlos cómo moneda de cambio cuando llegue al Hades y Caronte  me exija la moneda para pagar el viaje que te hace cruzar esos ríos de sangre, que dicen, iluminan el hades.

He pensado que me entierren con ellos entre mis dientes.

Diré: mira Caronte,  estos son unos calzones muy caros, son refinados y a quién se los pone lo hace ver moderno, siempre moderno.  Poseen la vida en la mirada  de quien  los vieron puestos,  si me dejas subir a tu barca serán tuyos.

Así estaré más vivo que nunca.


De la perrada gaysuna

Nos tatuamos con frenesí.

Hacemos la tesis de la teoría Queer aplicada a los platillos de autor.

Nos cortamos el cabello en barberías.

Tenemos posters de cortes ochenteros en el baño, y a Mikey le prendemos la veladora después del peyotazo en wirikuta.

Nos hemos cambiado tres veces de casa, de la San Rafa a la Buenos Aires y de la Buenos Aires a la Roma, es como llegar a Ítaca. Nuestro Cavafis es Nick Cave.

Hablamos mal de las películas de Xavier Dollan, pero todos traemos su mismo corte de cabello. Vamos a los saunas los domingos por la mañana y tenemos novios españoles; la movida madrileña es nuestro manifiesto.

Inhalamos cocaína en espejitos de Hello Kitty y nuestras relaciones con nuestros semejantes se sostienen gracias a las rebajas del Inditex.

Ahora intervenimos las portadas de Joy Division y las hacemos Stickers; los pegamos en los saunas y después nos sacamos la Selfie.

Nuestra persona es un concepto.

Modelamos en los pasillos del tianguis de la Lagunilla los domingos por unas Caguamitas y dos que tres inhaladitas de cristo padre…

María Daniela y su sonido lasser nos parió en una noche, así como la Cuatlicue parió a Huitzilopochtli, nomás que en vez de una pluma de Quetzal, a Danielita se le metió un tubito de neón…

Arcadio Lambhorginni

Estudió creación Literaria en la UACM, es adicto al té verde y a los vídeos de ballenas que mira por las noches.